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Desde hace algún tiempo en Venezuela se ha construido un esquema perverso de control social.

Esto debido en gran medida a la descomposición institucional que sufre nuestra nación, por ejemplo; se ha perdido todo incentivos para la formación académica, vemos cómo la calidad de vida de los profesores universitarios es inversamente proporcional a la exclusividad que tengan en su trabajo como universitarios.

Obligándolos en gran medida a abandonar sus responsabilidades, para poder encontrar alguna fuente de ingreso alternativa que le permita subsistir.

Otro ámbito en el que podemos ver el grado de afectación antropológico es la grave situación de los médicos que quieren formarse en la carrera sirviendo a las instituciones de salud pública.

Imaginen por un momento tener que pagar para ir a trabajar, pero encima tener que soportar la impotencia de no poder ayudar porque no cuentas con las herramientas necesarias para devolverle la calidad de vida a un paciente o evitarle un intenso dolor, a esto debes agregar las constantes amenazas, insultos, agresiones que reciben los médicos tanto de pacientes y familiares.

Por si fuera poco te revisan al entrar y al salir como si fueras un vulgar ladrón y te llevan a la cárcel como si de llevar a un niño a la dirección del colegio se tratase. Esto convierte a Venezuela en uno de los pocos países del mundo en donde por querer ir a aprender puedes terminar preso.

Los esquemas de control social suelen tener en consideración las situaciones dilemas que agregan complejidad a cada toma de decisión, por ejemplo en Cuba mientras mayor sea el grado de afinidad de la persona que te acuse por “conspiración contra la revolución” mayor será la “recompensa” que está persona reciba.

Nuestra nación no se queda atrás en este sentido siguiendo con el caso médico, las instituciones de salud prohiben a los médicos entregar listas de medicamentos que falten en los hospitales para poder intervenir a los pacientes pero las instituciones tampoco cuentan con material para atender la demanda de la población.

Es decir básicamente le piden a nuestros médicos dejar morir a los pacientes, lo que a la larga va produciendo un constante malestar al personal de salud que debe luchar contra el instinto más humano que tenemos que es el de la preservación de la vida.

Lo que generará sin dudas a futuro una generación de personas con profundos traumas y resentimientos o peor aún una desensibilización sistémica.

Otro ejemplo de situaciones dilema se observan en lo interno de las filas del partido de gobierno (PSUV) mientras mayor sea el radicalismo pareciera que mayor fuese la recompensa, mientras que aquellos que se reúnan, tengan amistad o familiares opositores, son acusados o en el mejor de los casos señalados como sospechosos de traidores, lo que ha desatado una oleada de violencia donde “dirigentes” compiten desesperadamente para ver quién es más agresivo y de esta manera escalar posiciones de poder a lo interno de su organización.

Algo muy parecido a lo observado en los grupos violentos en centro america y en muchas organizaciones criminales de Latinoamérica.

Debemos romper con este esquema y esto pasa por desenmascarar y denunciar a viva voz lo que ocurre, embarcarse en una cruzada pedagógica y ejemplar que nos permita reconstruir los lazos de confianza y de amistad, demostrarle al que no piensa igual que nosotros que es necesario y urgente parar la tragedia en la que se ha convertido nuestra nación.

Acercarnos sin tabú, a aquellos que en su justa indignación no confían en la clase política, hacerles entender que estamos frente a una oportunidad valiosa (no la última) que amerita del común acuerdo de todos para luchar por el bienestar de nuestra nación.

Romper con los incentivos perversos que nos hacen querer de forma individual estar por encima del resto en medio de la mísera. Es mejor que todos estemos medianamente bien según nuestras capacidades de generar riquezas a qué condenemos a toda una nación a la pobreza a costa de pequeños beneficios personales.

Es la hora de rescatar a Venezuela, es la hora de la patria.

José Leonardo Caldera
Legislador del CLEZ
Psicólogo/Lcdo en Cs Política